viernes, 8 de mayo de 2015

Dolor

Dolor. 

Dos sílabas, varios significados. 
Para muchos, el respaldo de sus penas. 
Para otros, lo que les recuerda el qué ya no tienen a su alcance. 
Para mi, una palabra que define muchas facetas y situaciones de la vida. 

Hace unos meses atrás estuve en una plaza con un grupo de amigos, estábamos presentando una obra de teatro para evangelizar a la gente. Al rededor de esta plaza habían aproximadamente 20 personas. Cada una en su mundo. 
Tenías desde borrachos, hasta niños jugando con chapita y palo de escoba (típico béisbol callejero practicado en toda latinoamérica). 
Para mí no fué significante ver el que tantas personas habían, sino el observar qué tantas personas estaban solas. 

Allí, entendí que el dolor no todo el tiempo es algo físico. No todo el tiempo tiene que estar relacionado con un nervio afectado.

El dolor es aquel sentimiento que tu alma refleja a través de la pupila de tus ojos. 
Es ese destello de lejanía que tiene tu mirada, es esa pizca de soledad... es llanamente ése sentir nulo que tiene tu alma. 

Y quizás tu digas: Ajá Abigail, ¿Y cómo lo quito? ¿Cómo escondo mi real sentimiento? ¿Cómo ignoro mi realidad y lo que me está pasando? ¿Cómo deshago eso que en mi corazón esta y poco a poco me va carcomiendo y me va quitando la paz? ¿Cómo hago? 

Créeme, yo se lo que sientes, y mi única respuesta ante quizás todas tus preguntas es: Jesús.

Lo único que me ha quitado a mi el dolor que llevo conmigo es Dios. Y nada más el recordar que Él murió por mi en la cruz, recordar que le cayeron a palos por mi, le pusieron 3 clavos en su cuerpo por mi, le clavaron una corona de espinos en su cabeza, le limpiaron sus heridas con vinagre, y le gritaban "¡Si eres el Mesías, sálvate...!" Y todo eso, lo hizo por mi... 

Nada más el recordar su dolor, hace que mi dolor desaparezca, porque su amor es quien me sostiene. Su Gracia, es la que me da fuerzas... Su Poder es el que día a día me permite respirar. 
Y como si fuera poco, su incondicionalidad hacia mi, hace que mi dolor y sensación del "sentirme nula y sola" ante cualquier situación desaparezca, hace que mi vida sea guiada bajo Su Voluntad. Él me rescató, me salvó. 

Cada uno de los dolores y heridas que hemos tenido en nuestras vidas, Jesús ya las sanó. Él pagó el precio por ellas, y nosotros, debemos entender que solo Dios es el que nos puede ayudar a superar nuestras pruebas... por muy difíciles que sean, sólo Él nos puede ayudar. 

Juan 3: 17 dice: 
"Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él."

Ya... déjale tu carga a Dios, y Él hará el resto.
Aunque no lo creas... a veces nuestros problemas son solo un distractor. 








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Y ésta, soy yo!

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