Uno como persona a veces tiene la felicidad en frente y no se da cuenta.
Es como que si medio mundo se da cuenta, pero nosotros no.
Yo cuando tenia 7 años era fanática de un árbol, de hecho, yo no sabia lo que era una computadora (a diferencia de muchos niños de la actualidad con 7 años de vida) , pasaba todas mis tardes sentada en ese árbol viendo como subían y bajaban las hormigas, como se movían las mariposas, como el frió del páramo aumentaba o aumentaba (nunca disminuía), pensando en el que quería ser cuando fuera grande, o el que le diría a mi mama para no bañarme antes de acostarme... ¡Que se yo! Pensaba tantas cosas y disfrutaba tanto estar en ese árbol que se me olvidaba el mundo... eramos yo y el árbol, el árbol y yo.
Creo que así somos en la vida, tuvimos un momento en donde nuestra mente maquinaba solita, en donde nuestro corazón mandaba tranquilo y en donde nuestra conciencia no había nada de que arrepentirse. Eramos niños. No notábamos la diferencia entre algo malo y algo perjudicante, simplemente vivíamos tal cual como habíamos despertado... no veíamos las cosas malas de las personas, sino que les sacábamos una sonrisa, o los repelíamos con un simple "no me caes bien". Nuestra sinceridad e inocencia era lo que regia nuestras vidas.
Ahora, la pregunta de las cuarenta mil lochas, ¿QUE NOS PASÓ?
Simple. Crecimos, maduramos, cambiamos conceptos, ignoramos esa inocencia y esa ignorancia tenue, amable, noble y nostálgica del niño.
Nos fuimos sumergiendo en el pensamiento y el qué dirán, o en el cómo lo haré de nuestro diario vivir. Fuimos dejando que la frialdad y la planificación se apoderara de nuestras vidas y nuestras agendas.
Fuimos olvidando la esencia de lo que somos, y fuimos creando cual alquimista un nuevo perfume de lo que queríamos ser.
Mi conclusión, dejamos de un lado la felicidad espontanea de un niño... esa felicidad que explota por los poros. Esa felicidad que no necesariamente tiene que ser ligada con una sonrisa de oreja a oreja, ni con un chiste bien comentado, sino esa felicidad que nace desde el corazón, que apenas miras a alguien dicen "sus ojos sonríen".
Y no me vengan con un "Por favor, los ojos no sonríen, ni eso se ve por los poros".
SI se ve, y se ve muy claramente!
Yo decidí, ser como niño, dejar de un lado muchas cosas (no ignorándolas, porque seria retroceder en muchos aspectos), pero si consciente de que puedo hacer un equilibrio entre lo que era y lo que soy.
Ese equilibrio que me permite encontrar a la Abigail de 7 años y colocarla junto a la Abigail de la actualidad.
Créanme, los resultados han sido sorprendentes...
Inténtalo, solo por un día busca a tu niño de 7 o menos años! Y al finalizar decide si quieres seguir (estoy segura de que te va a encantar...)
Aceptemoslo, eramos felices y no lo sabíamos!!!

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