domingo, 12 de noviembre de 2017
jueves, 1 de diciembre de 2016
domingo, 3 de enero de 2016
Bittersweet
Hace 1 año exactamente escuché ese término, esta inglés, por lo tanto no era usual en mi vocabulario - o al menos eso creía yo.
Lo que realmente no sabía era el cuándo usarlo.
Bittersweet, significa en español “agridulce”. Un término muy interesante, pero difícil de aceptar para muchos, incluyéndome.
Nunca pensé que en mi haber pudiese manejarlo con tanta cotidianidad. Al principio fué interesante, porque lo apliqué a muchos aspectos de mi vida… desde comidas, hasta sentimientos. Y guardando las distancias, el tener cosas o momentos “bittersweet” en tu vida, no significa que eres bipolar. Al contrario, es la capacidad de ver la vida desde un panorama completo. Es estar atento a todo lo que tu corazón y tu mente están demandando. Es escuchar el silencio.
Y en el silencio… saber callar.
El balance siempre será lo ideal. El hallar el sentido en lo vivido nos permitirá abrir los ojos y tener una perspectiva diferente de la vida.
Siéndoles sincera, aún busco el sentido de mis momentos agridulces, y creo que es allí en donde más crezco y maduro como persona. Mi forma de pensar cambia, a bien.
Es allí en donde hallo mi yo, y encuentro el balance, cedo a mis argumentos y en donde comprendo eso de lo que siempre huyo, y evito. Es allí en donde puedo escuchar, y entender con un corazón humillado eso que Dios quiere hacer conmigo, y eso que siempre ha tratado de decirme que por mi terquedad y argumentación, no pude escuchar.
Así como cuando las comidas son agridulces, así la vida también lo es. Suena cómico, pero es real. No todo es 100% un solo sentimiento. Somos humanos, y por lo tanto siempre el va y ven de emociones estará en el ambiente. Repito, no es bipolaridad… es simple, y llanamente aceptar nuestras debilidades para convertirlas en fortalezas. Es aceptar las fortalezas, para mejorarlas y desarrollar nuevos talentos. Es comprender quiénes somos, y para qué hemos sido creados.
Disfrutemos lo agridulce de la vida. Disfrutemos la complejidad de la cotidianidad.
lunes, 22 de junio de 2015
Mira hacia atrás
Detente por un momento y mira hacia atrás.
No mires con un tono de querer volver. No. Mira hacia atrás con el único fin de ver por todo lo que has pasado.
Detente por un momento y recuerda ese primer empleo. Piensa en esos nervios inagotables que tenias en ese primer día laboral, esas manos sudorosas y ese pensamiento positivo que recorría tu mente: “Yo puedo con esto…”
Detente por un momento y recuerda ese primer amor. Piensa en esos ojos que te embobaron. En esa sonrisa que te iluminó el mundo. En esa forma de ser que te cautivó. Recuerda esa primera vez que le dijiste: “Me gustas…”
Detente por un momento y recuerda esos primeros pasos de tu hijo. Esos débiles y desequilibrados dos pasitos que el o ella dio, hizo que tu mundo se volteara derretido ante la belleza de su logro, y al mismo tiempo esa sonrisa inmediata que te produjo un orgullo incalculable hacia tu primogénito.
Detente por un momento y recuerda esa primera vez que chocaste el carro. Esa culpa, esa rabia, ese típico: “¿Que hice?”
Detente por un momento y trata de recordar esa primera letra que escribiste o ese primer garabato en un papel del cual te sentiste orgulloso… quizás estabas pequeño, pero trata de recordarlo.
Detente por un momento y recuerda lo malo que te ha pasado en la vida y agradece que lo viviste, sin eso… quizás el “hoy" no tendría tanto sentido.
Detente por un momento y piensa en todo lo que haz logrado hasta ahora.
Detente por un momento y sonríe.
Detente por un momento y saca el “Hippie” que llevas por dentro, y respira profundo, haz que a tus pulmones entre aire y puedas exhalarlo sin ningún problema. Disfruta esa respiración.
Detente por un momento...
Solo detente. Respira. Mira. Escucha. Recuerda. Disfruta. Agradece. Sueña. Vive.
viernes, 8 de mayo de 2015
Dolor
Dolor.
Dos sílabas, varios significados.
Para muchos, el respaldo de sus penas.
Para otros, lo que les recuerda el qué ya no tienen a su alcance.
Para mi, una palabra que define muchas facetas y situaciones de la vida.
Hace unos meses atrás estuve en una plaza con un grupo de amigos, estábamos presentando una obra de teatro para evangelizar a la gente. Al rededor de esta plaza habían aproximadamente 20 personas. Cada una en su mundo.
Tenías desde borrachos, hasta niños jugando con chapita y palo de escoba (típico béisbol callejero practicado en toda latinoamérica).
Para mí no fué significante ver el que tantas personas habían, sino el observar qué tantas personas estaban solas.
Allí, entendí que el dolor no todo el tiempo es algo físico. No todo el tiempo tiene que estar relacionado con un nervio afectado.
El dolor es aquel sentimiento que tu alma refleja a través de la pupila de tus ojos.
Es ese destello de lejanía que tiene tu mirada, es esa pizca de soledad... es llanamente ése sentir nulo que tiene tu alma.
Y quizás tu digas: Ajá Abigail, ¿Y cómo lo quito? ¿Cómo escondo mi real sentimiento? ¿Cómo ignoro mi realidad y lo que me está pasando? ¿Cómo deshago eso que en mi corazón esta y poco a poco me va carcomiendo y me va quitando la paz? ¿Cómo hago?
Créeme, yo se lo que sientes, y mi única respuesta ante quizás todas tus preguntas es: Jesús.
Lo único que me ha quitado a mi el dolor que llevo conmigo es Dios. Y nada más el recordar que Él murió por mi en la cruz, recordar que le cayeron a palos por mi, le pusieron 3 clavos en su cuerpo por mi, le clavaron una corona de espinos en su cabeza, le limpiaron sus heridas con vinagre, y le gritaban "¡Si eres el Mesías, sálvate...!" Y todo eso, lo hizo por mi...
Nada más el recordar su dolor, hace que mi dolor desaparezca, porque su amor es quien me sostiene. Su Gracia, es la que me da fuerzas... Su Poder es el que día a día me permite respirar.
Y como si fuera poco, su incondicionalidad hacia mi, hace que mi dolor y sensación del "sentirme nula y sola" ante cualquier situación desaparezca, hace que mi vida sea guiada bajo Su Voluntad. Él me rescató, me salvó.
Cada uno de los dolores y heridas que hemos tenido en nuestras vidas, Jesús ya las sanó. Él pagó el precio por ellas, y nosotros, debemos entender que solo Dios es el que nos puede ayudar a superar nuestras pruebas... por muy difíciles que sean, sólo Él nos puede ayudar.
Juan 3: 17 dice:
"Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él."
Ya... déjale tu carga a Dios, y Él hará el resto.
Aunque no lo creas... a veces nuestros problemas son solo un distractor.
Dos sílabas, varios significados.
Para muchos, el respaldo de sus penas.
Para otros, lo que les recuerda el qué ya no tienen a su alcance.
Para mi, una palabra que define muchas facetas y situaciones de la vida.
Hace unos meses atrás estuve en una plaza con un grupo de amigos, estábamos presentando una obra de teatro para evangelizar a la gente. Al rededor de esta plaza habían aproximadamente 20 personas. Cada una en su mundo.
Tenías desde borrachos, hasta niños jugando con chapita y palo de escoba (típico béisbol callejero practicado en toda latinoamérica).
Para mí no fué significante ver el que tantas personas habían, sino el observar qué tantas personas estaban solas.
Allí, entendí que el dolor no todo el tiempo es algo físico. No todo el tiempo tiene que estar relacionado con un nervio afectado.
El dolor es aquel sentimiento que tu alma refleja a través de la pupila de tus ojos.
Es ese destello de lejanía que tiene tu mirada, es esa pizca de soledad... es llanamente ése sentir nulo que tiene tu alma.
Y quizás tu digas: Ajá Abigail, ¿Y cómo lo quito? ¿Cómo escondo mi real sentimiento? ¿Cómo ignoro mi realidad y lo que me está pasando? ¿Cómo deshago eso que en mi corazón esta y poco a poco me va carcomiendo y me va quitando la paz? ¿Cómo hago?
Créeme, yo se lo que sientes, y mi única respuesta ante quizás todas tus preguntas es: Jesús.
Lo único que me ha quitado a mi el dolor que llevo conmigo es Dios. Y nada más el recordar que Él murió por mi en la cruz, recordar que le cayeron a palos por mi, le pusieron 3 clavos en su cuerpo por mi, le clavaron una corona de espinos en su cabeza, le limpiaron sus heridas con vinagre, y le gritaban "¡Si eres el Mesías, sálvate...!" Y todo eso, lo hizo por mi...
Nada más el recordar su dolor, hace que mi dolor desaparezca, porque su amor es quien me sostiene. Su Gracia, es la que me da fuerzas... Su Poder es el que día a día me permite respirar.
Y como si fuera poco, su incondicionalidad hacia mi, hace que mi dolor y sensación del "sentirme nula y sola" ante cualquier situación desaparezca, hace que mi vida sea guiada bajo Su Voluntad. Él me rescató, me salvó.
Cada uno de los dolores y heridas que hemos tenido en nuestras vidas, Jesús ya las sanó. Él pagó el precio por ellas, y nosotros, debemos entender que solo Dios es el que nos puede ayudar a superar nuestras pruebas... por muy difíciles que sean, sólo Él nos puede ayudar.
Juan 3: 17 dice:
"Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él."
Ya... déjale tu carga a Dios, y Él hará el resto.
Aunque no lo creas... a veces nuestros problemas son solo un distractor.
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